Durante este curso hemos trabajado con los jóvenes un viaje apasionante por el mundo de las emociones. Hemos explorado emociones básicas como la tristeza, la alegría o la rabia, y también otras más complejas como la envidia, la culpa, la gratitud o la confianza. Esta nueva edición de nuestro taller “Gestión de emociones” es una formación que ha sido impartida por Marcela Orozco, profesora de Yoga y Mindfulness, y especializada en niños NEE (Necesidades Educativas Especiales). Esta actividad forma parte de nuestro proyecto “Desarrollando Talentos”, que tiene como objetivo favorecer que los usuarios de nuestra Fundación puedan participar en actividades que ayuden a reforzar sus habilidades.
En las diferentes sesiones hemos visto cómo los participantes han ido ganando seguridad y confianza para expresar lo que sienten. Poco a poco se ha creado un espacio donde cada persona puede hablar, compartir y sentirse escuchada, sin miedo a ser juzgada. Esto ha permitido que surja un grupo unido, respetuoso y acogedor, donde todos sienten que pertenecen y son importantes.
Uno de los aspectos más importantes de trabajar en grupo es que las emociones aparecen de forma natural durante la convivencia. Ha habido momentos de desacuerdo, enfados, frustraciones o tristeza, que hemos aprovechado como oportunidades para aprender. Juntos hemos practicado cómo expresar lo que sentimos, cómo escuchar al otro, cómo reparar cuando cometemos errores y cómo poner límites de una manera sana y respetuosa. Son habilidades fundamentales para la vida y para construir relaciones saludables.
El cuerpo también ha sido una herramienta esencial en nuestro aprendizaje. A través del juego, el movimiento y el yoga, hemos descubierto que cada emoción tiene una forma de manifestarse y que existen recursos que nos pueden ayudar a gestionarla. Hemos aprendido que cuando estamos muy contentos podemos bailar o movernos; que cuando estamos tristes podemos pedir un abrazo o buscar consuelo en algo que nos haga sentir seguros como una mascota o peluches, y que cuando sentimos rabia podemos llevar esa energía apretando un cojín, respirando profundamente o realizando la “respiración del león”.
Nuestro objetivo no es evitar las emociones, sino aprender a reconocerlas, expresarlas y gestionarlas de una forma saludable. Ver cómo cada participante va encontrando sus propias herramientas y logra desarrollar una mayor confianza en sí mismo es, sin duda, uno de los mayores logros de esta actividad. Con este taller, un curso más, seguimos construyendo un espacio donde sentir es seguro, donde cada voz importa y donde crecer juntos es posible.


